Sábado, 12 de marzo de 2005
Finalmente, el ex-jefe de la Armada Argentina e integrante de una de las Juntas Militares fue puesto en libertad, según la Justicia, porque no está en condiciones de ejercer su derecho a defenderse.
En 1985, el ex-almirante Emilio Massera fue condenado "a la pena de prisión perpetua, inhabilitación absoluta perpetua, como autor responsable de los delitos de homicidio agravado por alevosía, reiterado en tres oportunidades; en concurso real con privación ilegal de la libertad calificada por violencia y amenazas, reiterado en sesenta y nueve oportunidades; en concurso real con tormentos, reiterado en doce oportunidades; en concurso real con robo, reiterado en siete oportunidades". Luego, en 1990, recuperó la libertad gracias al indulto firmado por el entonces presidente Carlos Menem.
Hasta ayer, cumplía arresto domiciliario por el delito de sustracción y apropiación de menores hijos de desaparecidos durante la última dictadura militar.
La Justicia Argentina determinó que no está en condiciones de salud para afrontar un juicio porque "no puede ejercer en forma normal su defensa".
"Según testimonios, se logró conocer cómo eran tratadas las mujeres embarazadas que eran secuestradas:
cuando llegaban a la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada), eran tiradas en colchonetas en el suelo, encapuchadas y boca abajo. No se salvaron de las torturas pese a su estado.
Al principio, cuando faltaban pocos días para el alumbramiento, eran llevadas a una pieza con ventanas herméticamente cerradas; recién ahí les sacaban los grilletes, que eran vueltos a poner cuando iban al baño.
Eran atendidas por un médico del Hospital Naval, un enfermero de la ESMA, y ayudadas por otras prisioneras. Una vez nacida la criatura la madre era "invitada" a escribir una carta a sus familiares, a los que supuestamente les llevarían el niño.
Inmediatamente la secuestrada era "trasladada", mientras el bebé quedaba en la habitación atendido por otras embarazadas. Luego se lo llevaban.
Desde que la embarazada llegaba ya se sabía cuál sería el destino de su hijo y el suyo: a ella le esperaba el TRASLADO, y a su pequeño la seguridad de que nunca conocería su verdadera historia, y menos a su verdadera familia.
En el mes de julio de este año (1997), el ex marino Scilingo reveló el "modus operandis" del horror, ante la Cámara Federal de Buenos Aires. "Alegando razones humanitarias" la Armada habría dispuesto que las embarazadas detenidas deberían dar a luz, pero para evitar que los mismos niños se contaminasen con ideas extremistas, éstos se darían en adopción a familias "normales": marinos o allegados a ellos que, a través de haber tomado contacto con el Grupo de Tareas 3.3.2, habrían expresado el deseo de adoptar un niño.
El procedimiento que se llevaba a cabo era el siguiente: el entonces director de la ESMA, contralmirante Rubén Chamorro, el jefe del G.T. 3.3.2, capitán de navío Jorge Vildoza, y el jefe de Inteligencia, capitán de fragata Jorge Acosta, resolvían a quién correspondía el futuro del bebé, todo con el visto bueno de quien ejercía la conducción directa del Grupo, el Comandante en Jefe de la Armada, almirante Eduardo Massera.
Jorge Luis Magnasco, que hasta hace pocos meses trabajaba como obstetra en el Sanatorio Mitre, de donde ya fue despedido, y sus asistentes Aldo Clemente Chiappe, Alberto Arias Duval, Carlos Octavio Capdevilla y Raúl Sanchez Ruiz, fueron responsables de la acta de nacimiento que se realizaba ya con el nombre de la madre adoptiva." (Fuente: "Dictadura militar Argentina (1976-1983)", Miguel Angel Revainera)
Las madres torturadas, despojadas de sus hijos y asesinadas... ¿Qué derechos tuvieron?
Saldrán los puritanos de la Justicia a decir que Massera tiene derechos como cualquier persona, no importa lo aberrante del delito, pero el mismo criterio no se aplica a los criminales comúnes o a los detenidos por delitos menores o a los miles de moribundos que se pudren en las pestilentes cárceles argentinas.
¿Puede alguien sentir pena por el estado de salud de un asesino del calibre de Massera?
Si no deseo su muerte es porque me parece que lo mejor es privarlo de su libertad y dejarlo que se pudra en un hoyo, como las madres que perdieron sus hijos y sus vidas bajo sus órdenes.
Ejercicio emocional:
El asesino de nuestro hijo o de nuestra madre no puede ser juzgado porque su salud no le permite defenderse... Cuál sería nuestro sentimiento?
Además... Defenderse? De qué? Pruebas sobran desde hace años.
La Justicia no es ciega.
Sino, pregunten a la familia de Juan Pablo Acuña, que tenía 14 años, qué siente cuando ve a María Victoria Mon, libre en la calle.
¿Qué sentirían Ustedes?
Por: F. | Realidades | Comentarios (0) | Referencias (0)
Mi Nacimiento: 22 de Nov., 1975
Mi Ciudad: Buenos Aires.
Mis Amores: Lara y Vero.
Me Gusta: La Música, por sobre todas las cosas, y las artes en gral.
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